El corrimiento de la fecha de pago hizo que julio tuviera una suba interanual. El resto sigue estancado, pero hay expectativas buenas para el corto plazo.
Puntos importantes
La recaudación tributaria de julio aumentó 1% real interanual, impulsada por Ganancias con un +64,7% por vencimientos.
Sin Ganancias, la recaudación fiscal total cayó 3,8% real; el IVA subió 5,8%, una luz de esperanza para el consumo.
Los aranceles de importación se desplomaron 26% real, evidenciando una caída en compras de capital e industria.
El Gobierno está celebrando el regreso al aumento de la recaudación tributaria, algo que se esperaba con ansiedad después del déficit en las cuentas fiscales registrado el mes pasado. Pero, tal como había ocurrido en mayo, hay factores en el pago de Ganancias que distorsionan la comparación contra el año pasado.
Eso implica que es todavía pronto como para afirmar que la caja de ARCA está en recuperación.
La recaudación total mostró en julio un aumento nominal de 35,1%, lo que en términos reales -es decir, descontando la inflación- significa una leve suba de 1% respecto del año pasado. Pero el propio comunicado oficial explica que el mayor rubro de suba, con un 64,7% fue el impuesto a las Ganancias, como consecuencia del vencimiento especial para el pago del saldo de declaración jurada, que el año pasado había sido en junio.
Además, la recaudación de Ganancias también se vio impactada por la entrada en vigencia de la ley de presunción de inocencia fiscal, que hizo subir los aportes. Dado que Ganancias representa un 22% del total de la “torta” tributaria, cada situación que afecte la entrada de ingresos tiene un impacto fuerte sobre toda la recaudación de impuestos.
Es así que, si se excluye a Ganancias del cálculo, entonces el resto de los impuestos ya no muestra una suba interanual sino una caída de 3,8%.
Una luz de esperanza para Luis Caputo en el IVA
Aun así, hubo en julio una noticia positiva: el IVA, que es por excelencia el reflejo de la actividad en la industria y el comercio tuvo un aumento de 41,4% -sin contar lo que se recauda en la Aduana-. En términos reales, implica una mejora interanual de 5,8%.
No toda esa variación se explica por un aumento en las ventas, dado que también hubo un factor anómalo: este año, se usaron saldos a favor de otros impuestos para cancelar obligaciones del IVA, lo cual abulta las cifras.
De todas formas, esta estadística da pie a quienes argumentan que empieza a notarse una mejora en el consumo interno. Ese es, precisamente, uno de los mayores puntos de controversia entre los economistas, dado que hay analistas que contradicen las cifras oficiales y sostienen que ya está en curso un proceso recesivo como consecuencia de los bajos salarios y jubilaciones.
El otro impuesto ligado a la actividad económica que mostro un crecimiento importante fue el de los Combustibles, que tuvo una suba real de 12,5%. Naturalmente, el contexto de crisis global que disparó los precios del petróleo y el gas llevaron a que la alícuota se actualizara acorde a la cotización internacional. En consecuencia, lo recaudado por este impuesto aumentó su incidencia en la recaudación total: el año pasado era un 2,2% y ahora representa un 2,8% de lo que ingresa a ARCA.
Exportación sube, recaudación baja
El comunicado oficial destaca, una vez más, la baja dinámica de las retenciones a la exportación. Pero se trata, esencialmente, de un fenómeno estadístico. Dado que el año pasado, a esta altura, regía un recorte temporario en ese impuesto, se produjo una concentración extraordinaria de liquidaciones del agro, que luego tuvo una contrapartida de una caída exportadora en los meses siguientes.
Y, efectivamente, la estadística muestra que hace un año las retenciones a la exportación representaron un 6,8% de la recaudación total. Ahora, en cambio, el porcentaje bajó a un 5%.
Esto no implica necesariamente que el campo esté en un mal momento exportador. Más bien al contrario, se acaba de conocer el dato de que el complejo oleaginoso-cerealero -principalmente, soja y derivados-, tuvo un aporte de u$s2.918 millones.
Además de las diferencias en el volumen exportado, también influye la disminución de la alícuota del impuesto que, para el caso de la soja, pasó del 26% al 24%. La conjunción de esos factores hizo que el dinero recaudado en julio por las retenciones aparezca pequeño en relación con la base de comparación del año pasado.
La expectativa en el sector agrícola es que en los próximos meses se revierta este fenómeno, y empiece a notarse un aumento en el aporte de las retenciones a las arcas fiscales. Como la comparación se hará contra una base baja de liquidaciones, entonces el rubro de derechos de exportación volverá a empujar la recaudación.
Importaciones sin nafta
Mientras tanto, la caída que más llama la atención los rubros de comercio exterior no fue la de retenciones a la exportación, sino la de los aranceles y tasas a la importación, con un desplome de 26% real contra el año pasado.
Es cierto que el gobierno dispuso un recorte en el gravamen para varias categorías de productos provenientes del exterior, pero se esperaba que eso fuera compensado con un aumento en el volumen de la importación. En cambio, lo que está mostrando la estadística del intercambio comercial es que las importaciones siguen cayendo, sobre todo en la compra de bienes de capital y accesorios para la industria, lo cual muchos economistas consideran un síntoma recesivo.
Eso es, también, lo que explica por qué se producen cifras récord de superávit comercial: mientras la exportación de beneficia por una cosecha agrícola extraordinaria y un boom del precio petrolero, las compras del exterior no mueven la aguja.
En cuanto a las importaciones de bienes de consumo y de automóviles, las cifras se mantienen estables luego de un gran empuje ocurrido el año pasado. En este momento, representan más de 20% de las importaciones totales, cuando hace dos años no llegaban a un 15%.
Fuente: iprofesional
